sábado, 12 de abril de 2014

LA NOCHE QUE NO FUE HALLOWEEN, PERO QUE MÁS DA



                                            





Hola amigos, os voy a contar lo que me sucedió anoche.
Ya sabéis que ayer no fue Halloween, pero para el caso como si lo fuera o peor, mucho peor…
Pues resulta que había quedado con mi amiga Eugenia, no la de Montijo, eh, que ya murió la pobrecita. Bueno, pues eso, que quedé con mi amiga Eugenia porque quería llevarle flores a su loro muerto.
Sí, en ese cementerio hay una pequeña parcelita donde se entierran gatitos, perritos, conejitos y hasta pajaritos, como su lorito.
Es muy bonito el recinto. Cuando se te muere un animalito y quieres honrar su memoria, pues ¡hala! vas a ese cementerio y lo entierras allí.
Hay un cura muy majo que le dedica un responso, y si tienes dinero ahorrado le ofrece una misa y todo.
A mi amiga Eugenia se le murió el loro hace unos meses y se encuentra muy triste porque en su casa no tiene ahora con quien hablar. Ni discutir, ni cantar canciones junto con él, ni ná de ná…
Aún recuerda los buenos ratos que pasaron juntos viendo “Sálvame”, “Mujeres, hombres y viceversa”, ¿Y quién quiere casarse con mi hijo?
Por cierto, Eugenia, se apuntó al casting, pero no la eligieron.
Ahora, lamentablemente mi amiga se tiene que tragar esos programas solita y desconsolada. Yo le digo que vea otras cosillas, pero ella me dice, que no,  que no hay nada más hermoso que enterarse de los chismes de los famosos y de los no tan famosos.
Yo admiro su loable disposición.
Pues os sigo contando, que me estoy yendo por los cerros de Úbeda, así que prosigo con mi narración.
Acompañé a Eugenia al cementerio y allí lloré  con ella de muy buena gana. Mientras, arrojábamos unas florecillas negras en la tumba del loro.
El loro se llamaba Eugenio.
Lloramos juntas mucho rato, y yo la gozaba que no veáis, porque como ya sabéis soy muy llorona, y no hay nada  que me guste más en el mundo que echarme una llorera y si es con mucha pena, pues es una maravilla.
Lloré tan exageradamente, y tantos minutos, que Eugenia, me dijo ,que ya vale, que parará ya, que si no nos iban a dar las uvas, y estamos todavía en abril.
En Abril, aguas mil —le contesté todavía llorando.
Entonces de repente, sucedió algo extraordinario.
Algo sumamente inaudito.
Algo tan supercalifragilisticoespialidoso.
Sentimos un aullido a nuestras espaldas, y al girarnos, no dimos crédito a lo que estábamos viendo.
Un lobo fantasma, todo blanco y espectral, nos estaba aullando y a la vez nos miraba con ojos de cordero.
— ¿Qué querría el lobo fantasma?
Me dieron ganas de preguntarle qué intenciones llevaba, pero me contuve, no fuera a ser que fueran malas, y yo accediera a ellas…
A Eugenia le dio un ataque de tontería, de lo más tonto, y comenzó a reírse espantosamente,  mientras mascullaba adjetivos tan vulgares, rocambolescos y frescos, que el lobo fantasma desapareció despavorido al escucharla, y es que mi amiga tiene una risa que de verdad, si la escucharais, también tendríais miedo de ella.
Mi amiga le increpó entonces al lobo con voz de verdulera:
—Eh, lobo, si tienes cojones, vuelve.
Pero como era un lobo fantasma, no volvió.
Cuando Eugenia se ríe, su boca se alarga y le llega hasta las orejas, y se pone bizca pero no un poquito sino total, luego transcurren dos horas, al menos, hasta que los ojos vuelven a ponérsele en posición correcta. A la vez que su pelo a lo afro se le pone más afro, y parece que lleve una peluca de esas que salían en las películas  de policías, de los años setenta. Y además de estas características que transforman horriblemente su rostro, ya de por si feo, (todo hay que decirlo, pobrecita Eugenia), el sonido que emite al reír,  es como un gorgojeo horroroso, espantoso, horripilante, espeluznante, pavoroso, etc., etc. Imaginaros la combinación de jijiji, jaaaaa, juojuojuo, jejejeee, joooo, jaijaijai, ajjjja ejeeuujjj .iijjjjoooujjjaejjj,  pero todo alternativamente y con diferentes tonos, alto, bajo, mediano, estridente, susurro silábico… en fin; tanto desconcierta oírla reír, que escucharla puede poner los pelos de punta, al más y pintado y pintada.  Os lo juro.
Menos mal que yo la conozco y sé que a pesar de todo Eugenia es una criaturilla totalmente inofensiva; aunque día sí y otro también se esté peleando con sus vecinas, con el carnicero, con el fontanero, con el butanero (bueno con ese no, alguna excepción hace Eugenia, con este hombretón y sobre todo con el apuesto cartero cuando llama más de dos veces); con la panadera, con el juez de paz,  con toda la gente de Orihuela (su pueblo). Tampoco se pelea conmigo, porque  soy una entrañable amiga del alma, y que además tiene que tener a una persona única en el mundo mundial para no pelearse todo el rato y descansar así un poquito…
Además del butanero y el cartero, como os explique antes.
Pero os sigo contando; el lobo se fue, se fue, su sonrisa de fábula (la del lobo, claro está). Y en medio de la risa de Eugenia, apareció a mi lado un perrito fantasmita,
 ¡que´mono era! Sé que era fantasmita porque tenía un color entre blanco y negro como medio transparente, un color etéreo total, y emitía unos ladrillos así tipo sobrenatural.
Le pregunté que si se había perdido, y me contestó:
—Waug, Waugh , wauuuffff  —lo dijo con mucha timidez.
Yo le entendí perfectamente. Así que entre Eugenia (que ya había parado de reír afortunadamente) y yo,  cavemos un hoyito al lado del lorito de mi amiga, y allí le enterramos con mucho cariño.
Antes de echar la última paletada de tierra, el perrito murmuro un waugghhhhffff muy agradecido. 
Cuando ya nos íbamos a ir  del cementerio, después de estar unos minutos en silencio, rezando en nuestro interior por el alma de Eugenio, nos vimos sorprendidas de nuevo por otro fenómeno paranormal.
Aparecieron en el cielo cuervos multicolores, los había rojos, rosas, azules, verdes, naranjas y hasta amarillos. Pero negros ninguno vimos, la verdad. (Por eso supimos que no eran cuervos terrenales sino fantasmales) y nos rodearon. Un poquito miedo, si que teníamos, pues  era una noche muy oscura  y la luna comenzaba a ponerse de un color sanguinolento, y para colmo comenzamos a escuchar sonidos, como de abrirse tumbas, y sin comerlo ni beberlo nos vimos metidas en una fiesta zombi.
¡Qué horror! Los cadáveres humanos parecían tener mucha hambre, pero no de nosotras sino de animalitos muertos,. Los desenterraban, sacaban pollos y los despellejaban; para aspirar su aroma a pollo pelado, querían freír pajaritos, porque decían que la carne cruda les daba como un poco de asco…
Pero Eugenia y yo no íbamos a consentir que siguieran en ese plan tan macabro.
Así que les dijimos ¿Truco o trato?, a los que ellos respondieron:Truco, truco, truco, todos alborozados como si fueran zombis pequeñitos.
Y entonces Eugenia comenzó a reírse y yo a llorar, y el cielo empezó a derramar lágrimas de lluvia;y hubo un pequeño terremoto y se abrió la tierra donde estaban los zombis humanos (donde estábamos nosotras no por supuesto, para eso era un terremoto muy escuálido), y cayeron todos hacía un gran hueco abismal.

Y siguieron ocurriendo fenómenos paranormales, porque una vez engullidos los zombis, la tierra se cerró y la lluvia al mar se alejó.

Cuando volvió la calma al cementerio, decidimos regresar a nuestros hogares. Eugenia tenía hora pedida para pelearse con la portera, y a mí me esperaba de nuevo otro plato de lentejas en casa de mi madre… 
Me había invitado a cenar  muy tarde lentejas nocturnas, porque según ella, le salen mejor que las diurnas, y tenía que probarlas, quisiera o no. No podía negarme.


 © Pilar Lou Martin


5 comentarios:

  1. Muy gracioso este relato, aún con sus dosis de terror. Muy en tu línea de saber disponer una línea cómica en relatos que en realidad son de miedo. Me ha gustado y te felicito.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias María, la verdad es que me he divertdio mucho escribiéndolo, jaaaaa.

      Eliminar
  2. !jaja! pues sí que me has hecho reír con tu relato, lo del cura haciendo una Misa !jaja!
    Mañana Hago la presentación de mi libro en la Feria del libro de Valencia.
    Bueno mi querida Pilar, espero que alguna vez pases por mi blog, me haría feliz verte por allí.
    Un gran abrazo
    Sor.Cecilia

    ResponderEliminar
  3. Jajaja, este sí estuvo simpático...
    Sabes? Me he animado participar en un concurso de microrrelatos y microcuentos, mira si soy atrevida. Tú no te animas, con lo bien que escribes? Puedes ver el enlace en el grupo Los libros de Carmen y amig@s en Facebook...
    Besines,

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Carmen. Pues deseando estoy de leerte. Ahora lo miraré. Besitos.

      Eliminar

Mapa